Amanda Davis, hija de una inmigrante guatemalteca, siempre ha reflejado la vibrante herencia maya de su madre, su profundo aprecio por la diversidad cultural y su inquebrantable ética de trabajo. Aprendió desde muy temprana edad que toda persona merece respeto, independientemente de su origen, edad o raza. A medida que se mudaba por todo el país —desde California a Ohio, de Nuevo México a Portland— y viajaba por el mundo, Amanda desarrolló una curiosidad genuina y un gran respeto por las personas cuyas vidas eran diferentes a la suya.
Amanda tuvo que madurar pronto cuando se casó con Chris, su novio del instituto, y ambos se convirtieron en padres. Las primeras experiencias de Amanda en un sistema sanitario que parecía mal preparado para apoyar a las madres primerizas la llevaron a defenderse con firmeza y a buscar a otras personas dispuestas a hacer lo mismo. Al final, la determinación de Amanda por mejorar el sistema la condujo a una carrera profesional que combinaba su respeto por los demás con su recién descubierta pasión por la defensa de los derechos.
Durante casi una década, Amanda ha acompañado a las familias a lo largo del proceso prenatal, del parto y del posparto como doula integral, centrándose siempre en la educación y la defensa de sus derechos, y con el objetivo principal de que cada clienta se sienta empoderada, escuchada y en control de su experiencia de parto. Ser invitada a un espacio tan íntimo no es algo que se tome a la ligera. Amanda ha apoyado a familias de todos los ámbitos de la vida, y encuentra en su trabajo también una profunda sanación personal. En muchos sentidos, convertirse en madre joven es lo que ha moldeado la vida de Amanda: su carrera, sus valores y la vida familiar que ella y Chris han construido juntos.
Fuera de su trabajo, Amanda llena su vida con las cosas y las personas que más quiere. Ella y Chris están criando a tres adolescentes (de 17, 15 y 13 años) que no solo son personas amables y curiosas, sino que —como Amanda misma admite con orgullo— son algunos de sus mejores amigos. El clan también incluye a dos perras, Ada y Wanda, y a una gata grande e impresionantemente cariñosa llamada Luna, a quienes consideran sin lugar a dudas parte de la familia. Llevan viviendo en Painted Prairie desde 2021.
Amanda es una aficionada entusiasta con una larga lista de aficiones que lo demuestran. Tejer, hacer rompecabezas, practicar paddle surf, pintar con acuarelas... Lo ha probado todo y siempre quiere más. Lee más de 100 libros al año y, además, está desarrollando su habilidad para la jardinería en el jardín trasero que está creando poco a poco y con mucho cariño.